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| La Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina en la crisis de 1978 |
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El “Santiago del Estero” y un peligroso encuentro
El Comandante del “S-22” recibi� la orden de patrullar un� sector comprendido entre el Cabo de Hornos y el Falso Cabo de Hornos. El tr�nsito por el Atl�ntico sirvi� para realizar ejercitaciones y preparar la nave para una prolongada campa�a en inmersi�n.
En proximidades de Isla de los Estados el “Santiago del Estero” pas� en inmersi�n y se dirigi� a su zona de patrulla. Los d�as pasaron en silencio de combate, reconociendo por periscopio algunos contactos o intentando observar su propia posici�n, ya que las corrientes mov�an al submarino con rapidez.
En cierta oportunidad el sonarista detecta rumor de h�lices livianas. El Comandante ordena pasar a plano de periscopio y observa a lo lejos a un submarino navegando a luz del d�a en superficie.
El “Santiago de Estero” maniobr� en aproximaci�n mientras el Comandante tocaba “cubrir puestos de combate” y ordenaba el alistamiento de dos torpedos Mk-37. Con el contacto m�s cerca, el Comandante volvi� a izar el periscopio y pudo reconocer a la nave como uno de los sumergibles tipo “Thompson” que empleaba la Armada de Chile.
Mientras continuaba con su aproximaci�n t�ctica, el Comandante del “S-22” sab�a que si le lanzaba los torpedos ello era una lisa y llana declaraci�n de guerra. No obstante, si el sumergible enemigo pasaba r�pidamente a inmersi�n, ser�a una clara se�al que el “S-22” hab�a sido detectado y su Comandante no hubiera tenido alternativa.
Cuando vuelve a sacar el periscopio con la finalidad de actualizar los datos de tiro, el Comandante del “Santiago del Estero” puede observar que el sumergible chileno tiene abiertas algunas tapas de la cubierta en el sector de las tuber�as de inducci�n y que en esas condiciones era totalmente imposible que pudiera pasar a inmersi�n de inmediato. Era muy probable que se encontraran en superficie para solucionar alg�n tipo de aver�a.
Mientras ello ocurr�a el sonarista advierte un rumor hidrof�nico de h�lices livianas en aproximaci�n, posiblemente para acercarse al viejo sumergible, ya que este navegaba con rumbo Sur.� Tal vez al “Simpson” (luego se determinar�a que se trataba de esta nave) se le haya tomado uno foto a trav�s del periscopio para luego el “S-22” retirarse del lugar.
Poco despu�s en la central de comunicaciones del “Santiago del Estero” se recibe la orden de dirigirse a la Isla de los Estados. La mediaci�n del Vaticano en la ma�ana del 22 de diciembre de 1978, hab�a puesto fin al peligro de una guerra inminente.


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Los IKL 209
Con algo m�s de tres a�os de incorporados a la Armada Argentina, los 209 eran los submarinos convencionales m�s modernos del mundo. Estaban equipados con una computadora de control tiro VM8/24, para el lanzamiento y guiado de torpedos filoguiados que de acuerdo a la posici�n de los blancos, podr�a atacar a tres naves en forma simult�nea. Su arma principal era el torpedo filoguiado SST-4 con unos 25 kil�metros de alcance. Contaban adem�s con sonar activo, sonar pasivo, sonar interceptor DUUG, tel�metro ac�stico pasivo DUUX, analizador espectral, analizador de energ�a electromagn�tica, detector de cavitaci�n y dos periscopios. Sus l�neas hab�an sido dise�adas para navegar en inmersi�n y pod�a alcanzar en esta condici�n una velocidad de 20 nudos por breves per�odos. Sin embargo en superficie, la forma de su casco lo hace muy poco marinero. A�n conservando el esp�ritu submarinista de los alemanes, los 209 tienen una escasa habitabilidad. Solo el comandante posee un peque�o camarote propio y ni siquiera dispone de literas ni asientos para sus 36 tripulantes. Los dos submarinos 209 hab�an realizado en 1975 una exitosa campa�a en inmersi�n de 50 d�as como prueba de aptitud de la nave.
Algunas horas m�s tarde a su zarpada el 8 de diciembre, ambos 209, el “Salta” y el “San Lu�s” pasaron a inmersi�n una vez que la sonda indic� una profundidad de unos 60 metros y en esa condici�n navegaron hacia el Sur.
El submarino “San Lu�s” hab�a sufrido una seria aver�a en uno de sus motores diesel a pocos meses de su incorporaci�n. La reparaci�n requer�a el cambio o una reparaci�n mayor del motor en cuesti�n, que hubiera hecho necesario el corte de su casco resistente y en la Argentina no estaba disponible a�n la tecnolog�a para el corte y soldado del acero aleado HY-80, metal especial constitutivo de dicho casco. Con ello, el “S-32” ten�a una merma del 25% de rendimiento al momento de recargar su bater�a.
Mientras el “San Lu�s” se encontraba en tr�nsito en al Atl�ntico hacia la zona de patrulla ordenada, otro de sus motores diesel sufre una aver�a. Sus tripulantes maquinistas ponen todo su empe�o para repararlo, sin embargo, se necesitaban repuestos que no se pose�an y trabajar en puerto. El Comandante informa a sus superiores del percance y recibe como respuesta un cambio de su �rea de patrulla a un lugar menos riesgoso ubicado en una zona pr�xima a la boca del Estrecho de Magallanes. La falta del 50% de la capacidad de recarga de la bater�a incrementaba al menos en un 100% la Tasa de Indiscreci�n para tal operaci�n.
En esta condici�n, el “S-32” transcurri� sus d�as en patrulla hasta que el Comando de la Fuerza le ordena trasladarse a Isla de los Estados para encontrarse con el “Aracena”.
El “Salta” y una inc�gnita
Pocos d�as despu�s de su zarpada, el “Salta” tuvo su primer sobresalto mientras recargaba su bater�a con el snorkel, al Este de Isla de los Estado, en tr�nsito hacia el �rea de patrulla asignada. En esa �poca del a�o y en esas latitudes, la penumbra domina largas horas del atardecer y amanecer, dejando un breve lapso entre ellas a la oscuridad de la noche. De pronto, el m�stil del submarino fue localizado por un avi�n S-2 Tracker de la propia Armada perteneciente a la Escuadrilla Naval Antisubmarina, el cual de inmediato baj� su altitud y sembr� sonoboyas en el �rea con la finalidad de localizarlo, mientras que el S-31, alertado por su antena de contramedidas, pasaba r�pidamente a plano profundo.
Es interesante saber que los pilotos de la Escuadrilla Naval Antisubmarina s�lo conoc�an las �reas de patrulla de los submarinos propios, no as� su ruta o derrota� de tr�nsito. Adem�s ten�an orden de atacar a cualquier submarino no identificado en aguas jurisdiccionales. Con estas aclaraciones podemos afirmar que el �gil 209 se ocult� r�pidamente entre las capas batit�rmicas y escap� a tiempo para no ser detectado y atacado con cargas antisubmarinas o un torpedo buscador lanzado por sus propios camaradas.
El “Salta” alcanz� su �rea de patrulla en la zona de Cabo de Hornos y a partir de all� comenz� su lenta navegaci�n en inmersi�n dentro de su �rea de responsabilidad, con similares alternativas en cuanto a las corrientes submarinas y las dificultades para cargar la bater�a por el oleaje imperante en la zona. A ello se sumaba la actividad de un radar chileno en tierra cuya emisi�n era detectada por la antena de contramedidas. Si bien las olas incrementan la discreci�n de los m�stiles escasamente asomados sobre la superficie, dentro de submarino la se�al electromagn�tica detectada era toda una molestia.
Los d�as transcurrieron hasta la llegada del d�a “D” -1. El d�a “D” era la flecha clave del Operativo Soberan�a en el cual, entre otras operaciones militares, una fuerza de tareas de la Infanter�a de Marina Argentina proceder�a a desembarcar sobre las islas Lenox, Picton y Nueva por ser los puntos clave del conflicto del Beagle, lugares donde seguramente encontrar�an atrincheradas a las tropas chilenas.
El “Salta” naveg� expectante a esta situaci�n. En una de las maniobras de carga de bater�a, momento en que adem�s del snorkel el submarino aprovecha para izar las antenas de comunicaciones, de contramedidas y el periscopio, llega un extenso mensaje cifrado a la central de comunicaciones del submarino. El mismo, adem�s de su extensi�n, no se hab�a recibido muy claro debido, posiblemente, a una mala propagaci�n a causa del clima y se tornaba dificultoso descifrarlo.
Casi de forma simult�nea, un oficial con sus ojos puestos en el periscopio, observa un submarino en superficie. Sobre la cubierta del mismo se alcanzan a divisar a dos tripulantes por delante de la vela, sin embargo no se distingue el caracter�stico domo sonar sobre la proa que caracteriza a los submarinos de la clase “Oberon”.
Informado el Comandante, este ordena de inmediato “�Finalizar snorkel en emergencia! �Cubrir puestos de combate! � Preparar tubos Mk-37!”. Mientras el submarino recarga su bater�a, el ruido ocasionado por los cuatro motores diesel funcionado, aunque disminuido por los silenciadores, impide al sonarista recibir los rumores ac�sticos del exterior. Posiblemente por ese motivo la nave chilena no haya sido detectada con anterioridad. Sin embargo, ni bien el “Salta” pasa a plano profundo y sin el molesto ruido de los motores atmosf�ricos, el sonarista advierte el caracter�stico rumor de los venteos de los tanques de lastre que indican sin dudas que el submarino chileno pasa a inmersi�n. Ello evidencia que la nave argentina podr�a haber sido detectada.
Mientras el “S-31” cobra profundidad se arma la mesa de ploteo por sonido para detectar y predecir las maniobras mutuas. Momentos m�s tarde el 2do Comandante habla con el Comandante por el intercomunicador y le indica: “Se�or, estamos en soluci�n, sugiero lanzar.” Con interminable silencio de por medio el 2do Comandante reitera su apreciaci�n: “Estamos en soluci�n, sugiero lanzar”. El Comandante responde y no autoriza el lanzamiento de los torpedos Mk-37, �l de alguna manera estaba interpretando sus �rdenes. En esos momentos no estaban en aguas jurisdiccionales argentinas.
Con tiempos intermedios de gran tensi�n imposibles de precisar, de pronto el sonarista advierte: “�Alarma de torpedo!”. En estos submarinos solo el sonarista ten�a contacto con la realidad que interpretaban sus o�dos acerca los rumores ac�sticos. El “Salta” maniobra en evasi�n, pero a continuaci�n el rumor de las h�lices de un torpedo en corrida se desvanece. Con el transcurrir de los minutos la calma de la tripulaci�n se recupera.
Desaparecido el peligro,� el oficial de comunicaciones tiene por fin tiempo para descifrar el mensaje que le hab�a quedado pendiente. Entre otros conceptos el mismo ordenaba el repliegue de la unidad hacia Isla de los Estados a causa de la aceptaci�n de la mediaci�n papal. Varias horas despu�s el “Salta” emerg�a dentro de una caleta protegida para encontrarse con el BP “Aracena” y el “Santiago del Estero”. All� celebrar�an la nochebuena y podr�an relajarse luego de tantos d�as de patrulla de guerra.
Hasta el d�a de hoy no se ha podido comprobar si realmente en submarino “Simpson” lanz� un torpedo Mk-37 contra el “Salta”. La inc�gnita solo se resolver� si alguna vez las autoridades navales o alg�n jerarquizado protagonista del submarino chileno lo revelaran.
El sonarista de “S-31” era un experimentado suboficial. Ello hace poco probable, aunque no imposible, que pueda haber confundido un rumor tan caracter�stico como las h�lices de un torpedo en plena corrida. Por otra parte tambi�n se sabe que el Mk-37, al menos las partidas llegadas a este lado del continente, no era un arma demasiado confiable. Dentro de las posibilidades de un lanzamiento fallido, estas podr�an ser: que el torpedo se hayan trabado en el tubo –el MK-37 es del tipo que se lanza por su propia propulsi�n (swim out)- aunque ya hubiera activado sus h�lices; que el torpedo se hubiera desactivado luego de la corrida inerte de seguridad (unos 400mts.);� o que al ser el Mk-37 un torpedo de corrida en espiral con cabeza buscadora, el torpedo debe ser previamente graduado para “buscar” entre, por ejemplo 60 y 80 mts de profundidad. Aqu� podr�a haber habido un error en la graduaci�n y el torpedo al no encontrar un blanco, finalmente inactivo, va a para al fondo del mar.

El m�s viejo contra todos
El libro “La Escuadra en Acci�n” (Edit. Grijalbo, Chile, 2005) de los historiadores chilenos Patricia Aranciabia Clavel y Francisco Bulnes Serrano, relata la actividad militar y pol�tica del conflicto centr�ndose en la Armada de Chile. Si bien el trabajo es poco t�cnico en cuanto a los medios empleados, es muy interesante entre otras cosas, en cuanto a la actividad general de la Escuadra al Sur de Chile.
De este importante testimonio se desprende que, la Fuerza de Submarinos chilena estaba compuesta por el sumergible de la clase Balao “Simpson” (SS-21) y los modernos para la �poca submarinos de la clase brit�nica Ober�n denominados “Hyatt” (SS-23) y “O�Brien” (SS-22.
Seg�n esta fuente el “O�Brien” se encontraba “en dique” al momento del conflicto y el “Hyatt” debi� interrumpir el tr�nsito hacia el Sur y retornar a su base de Talcahuano por “aver�a mec�nica”. El otro sumergible de la clase Balao, el “Thompson” (SS-20), ni siquiera se lo menciona. Posiblemente ya estuviera radiado, habida cuenta de su vejez. De hecho, las armadas de Brasil como de la Argentina los hab�an retirado de servicio al comenzar la d�cada del los �70 al recibir los Guppy.
Sin lugar a dudas el “Simpson” no estaba tecnol�gicamente a la altura de las circunstancias, sin embargo se las ingeni� para cumplir su trabajo. El viejo sumergible deb�a salir a la superficie para cargar sus bater�as exponi�ndose peligrosamente a los radares y periscopios argentinos y, por el desgaste l�gico de los a�os, no ser�a extra�o que esa actividad la debiera realizar con una frecuencia mayor a la normal. El “Simpson” fue detectado en dos ocasiones en esa situaci�n� por otros tantos submarinos argentinos que no le lanzaron sus torpedos. Sin embargo, es posible que el Comandante del� “Simpson” Rub�n Scheihing, haya intentado atacar, a�n sabi�ndose en inferioridad de condiciones. Adem�s, el comandante chileno debi� cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad y el prestigio de la Fuerza de Submarinos de su pa�s.
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Conclusiones
Han transcurrido 30 a�os de una guerra que no fue. Imaginar cualquier “juego de guerra” para intentar resolver un posible resultado es un absurdo, ya que ni la Argentina ni Chile estaban en condiciones de llevar una campa�a militar que pudiera superar la definici�n de “enfrentamiento armado limitado”, por m�s vidas que hubiera costado.
Con cierto doble sentido el Grl Per�n hab�a alguna vez sentenciado: “prefiero dinamitar esos islotes que entrar en guerra con Chile”. Si bien de alguna manera se arrogaba la autoridad para dinamitarlos, era claro que prefer�a mantener la hermandad que imaginar alg�n tipo de conflicto.
Afortunadamente no podemos pensar el costo en vidas y material que hubiera acarreado semejante conflicto, sin embargo es casi seguro que ambos pa�ses hubieran salido perdedores.
No obstante esta sint�tica apreciaci�n, cierto es que las fuerzas armadas de Argentina y de Chile se movilizaron mientras se llevaban a cabo las gestiones diplom�ticas. Oficiales, suboficiales y soldados de las tres armas vivieron d�as de gran tensi�n, dependiendo su lugar de despliegue.
En definitiva, ellos estaban all� para pelear y seguramente lo hubieran hecho. Por tal motivo, esperamos que esta nota sirva como reconocimiento, en este caso a los submarinistas de ambos pa�ses, que supieron navegar al borde de una guerra.

Dotaci�n del Santiago del Estero
| �S�ntesis de la campa�a Comandante de la Fuerza de Submarinos CN Ra�l Marino |
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| �Submarino |
�Comandante |
�Zarpada
BNPB
|
�MN navegadas |
� Horas en inmersi�n | �Regreso BNMP |
|
�“Santa Fe”
S-21
|
�� CF Alberto Manfrino | 8/dic/78 |
3955 | 629 | 10/ene/79 |
| �“Santiago del Estero” S-22
|
��� CF Carlos M. Sala | � 8/dic/78 | 4012 | 708 | 13/ene/79 |
|
�“Salta”
S-31
|
�� CF Eulogio Moya | �8/dic/78 | 4573 | 750 | 16/ene/79 |
|
�“San Lu�s”
S-32
|
�� CF F�lix Bartolom� | �8/dic/78 | 3384 | 876 | 16/ene/79 |


www.deyseg.com.ar




