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| La Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina en la crisis de 1978 |
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El 8 de Diciembre de 1978 los cuatro submarinos de la Armada Argentina -ARA “Santa Fe” (S-21); ARA “Santiago del Estero” (S-22); ARA “San Luis” (S-32) y ARA “Salta” (S-31)- zarparon de la Base Naval Puerto Belgrano con rumbo sur, tal vez irían a la guerra.

Estacion de planos del Guppy
Ya en aguas abiertas los comandantes de cada una de las naves abrieron los sobres secretos con la impartición de órdenes de operaciones. Las mismas incluían una zona de patrulla para cada submarino y la orden más incomoda que puede recibir un comandante de submarino: “No disparar sus armas si no es atacado previamente”.
Esta orden es ambigua. Como primera medida un submarino convencional opera al acecho y su éxito reside en atacar antes de ser descubierto. Además, queda a criterio del comandante que significa ser atacado. Bien podrá ser cuando una nave enemiga emite su sonar, con lo cual desde el submarino, si bien se percibe la onda sónica, ningún comandante puede saber si realmente ha sido detectado y ser atacado. Otra posibilidad es esperar a que le sean lanzadas armas antisubmarinas por parte del oponente, sin embargo para cualquier submarino, ello es casi suicida.
Los viejos Guppy al Pacífico
El submarino “Santa Fe” recibió como orden patrullar la Bahía Cook, al noroeste de Cabo de Hornos. Esta profunda bahía, además de ser el principal acceso occidental del Canal Beagle, permite en sus canales adyacentes disponer en forma discreta las naves y a su vez concentrar a la flota chilena para una rápida salida hacia las aguas abiertas del extremo sur del continente. El “Santiago de Estero” por su parte fue destacado a una zona al sudeste de Bahía Cook en aguas intermedias al Cabo de Hornos y al Falso Cabo de Hornos
El “Santa Fe”, al igual que el “Santiago del Estero” estaba armado con unos pocos –no más de seis- torpedos Mk-14 de corrida recta diseñados en 1931. El funcionamiento de estos viejos torpedos era con motores de combustión y por lo tanto dejaban en su corrida una nítida y delatora estela. No se los tenía como arma confiable. El armamento se completaba con torpedos buscadores Mk-37 antisubmarinos, con cierta capacidad anti superficie que tampoco eran del agrado de los submarinistas.
Ambos submarinos pertenecían a la clase Guppy. Esta clase fue desarrollada por la US Navy modificando sumergibles “Flota” de la 2da Guerra Mundial, que los convirtieron en submarinos con el agregado del snorkel, mejoras hidrodinámicas y la incorporación de un generoso domo sonar debajo de la proa. Los Guppy, de los que hubo varias versiones, fueron la punta de lanza submarina de la armada de los EEUU durante la primera etapa de la Guerra Fría mientras sus astilleros construían los modernos submarinos nucleares. Cuando la Armada Argentina los incorpora en 1971, estas naves mostraban sin vergüenza las huellas de más de 25 años de prolongadas campañas a través del Atlántico y Pacífico norte. Los Guppy prestaron servicio en muchas armadas occidentales, una vez que la US Navy los pasaba a situación de reserva

Extraña decisión
Para aquel verano “caliente” del 1978, la Armada Argentina contaba con dos modernísimos submarinos de la clase 209 –incorporados en 1974- armados con torpedos filo guiados SST-4 que se completaban con los MK-37. Sin embargo, el Comandante de la Fuerza de Submarinos, despacho a las zonas de mayor peligro a los viejos Guppy.
El porqué de esta decisión hoy es muy difícil de explicar. Si bien los Guppy tenían aún valor militar residual por su vejez, sus tripulaciones casi triplicaban a la de los 209 (88 contra 36). Así que imaginar el análisis de los altos comandos de la época resulta sumamente complicado.
Cierto es que cuando los submarinos 209 llegaron a Mar del Plata recién incorporados, se produjo una absurda fractura entre oficiales y tripulaciones submarinistas. El “Salta” y el “San Luis” solo podían ser abordados por su propia tripulación, prohibiéndose la visita a los mismos de cualquier otro oficial que no tuviera la “especialidad 209”, tal era su misterio y su secreto. Cuando los oficiales se graduaban como submarinistas su suerte se sellaba de acuerdo al destino que les tocaba. Si este era uno de los 209, se ingresaba a una especie de elite naval de submarinistas de moderna concepción; si en cambio el destino era a uno de los Guppy eran mirados con desdén por sus pares de los revolucionarios submarinos alemanes.
Además los Guppy variaban con el tiempo su jerarquía como comando, algunos años fueron Comando de 3ra (Capitán de Corbeta) y unos pocos de Comando de segunda (Capitán de Fragata). No sería extraño que estos prejuicios pudieran haber tenido incidencia en aquella decisión estratégica.

A diferencia de lo que ocurrirá en 1982 que el submarino “San Luís” zarpa a la batalla con una tripulación recién incorporada y apenas una corta navegación como “equipo”, en 1978 las tripulaciones tenían unos 100 días de navegación y esa experiencia se tradujo en un eficaz desempeño. En realidad, el rechazo unilateral del gobierno de facto argentino al laudo arbitral de la corona británica en mayo de 1977, abría una cierta posibilidad de solucionar la vieja disputa por la vía de la armas. Por ello, a diferencia con el conflicto por las Islas Malvinas, las fuerzas armadas y, en este caso ambas marinas de guerra, tuvieron tiempo de adiestrarse por más de un año.
Antes de continuar, es importante que el lector recuerde que la actividad de un submarino convencional es exasperadamente lenta a ojos de quien no es submarinista. Los sonidos de naves que se detectan por el sonar pasivo, pueden provenir de decenas de kilómetros de distancia o a varias horas de navegación. A su vez el submarino en patrulla se desplaza a 5 o 6 nudos de velocidad (unos 10 km/h). Es lenta la posibilidad de clasificar un blanco; es lenta la posibilidad de interceptarlo y solo la pericia, arrojo e intuición del Comandante puede ubicarlo en una situación favorable para atacar y tener posibilidades de poner a su nave y tripulación a salvo una vez consumado un ataque. Si a ello agregamos que con torpedos de corrida recta como los Mk-14 la distancia de lanzamiento no debería superar los 2000 metros para esperar algún impacto, se puede observar que se trata de una guerra muy distinta a las que se libran con otros sistemas de armas. Por ello, lo que se detalla a continuación son infinitas horas del juego del “gato y el ratón”, donde la adrenalina de cada uno de los tripulantes, se fue derramando en forma permanente y no cedió hasta el regreso a aguas propias una vez enfriada la posibilidad del conflicto armado.

Entre 1957 y 1961, las armadas de Argentina, Brasil y Chile, al igual que muchas Armadas de mundo,� recibieron, en pr�stamo y arriendo de la US Navy, sumergibles de la Clase Balao, todos veteranos de la 2da Guerra Mundial. La sesi�n de estos sumergibles se hacia a trav�s del MAP (Military Aid Program) y era por cinco a�os renovables,� teniendo por objeto mantener tripulaciones aliadas entrenadas de modo tal que en caso de necesidad, poder intervenir conformando una Fuerza Multinacional contra el bloque sovi�tico.
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Entre 1971 y 1973, los Balao fueron reemplazados por los Guppy (Greather Underwather Propulsion Program), una versi�n muy modernizada de los Balao, llevadas a cabo en EEUU, b�sicamente entre1948 y 1954 y de los que Brasil y Argentina recibieron varios, mientras que la Armada de Chile se qued� con sus viejos “Thompson” y “Simpson” con solo modificaciones en su vela para mejorar la hidrodinamia en inmersi�n. (Vale aclarar que para 1978 la ARCh ya contaba con dos submarinos modernos de la Clase Ober�n brit�nica). Si bien los sumergibles deb�an emerger totalmente para cargar su bater�a, esta maniobra solo se deb�a realizar de noche por cuestiones de discreci�n.� Esta situaci�n se deb�a al hecho de que los Clase Balao, no hab�an recibido el Snorkel.

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La campa�a de los Guppy
A 30 a�os de aquella peligrosa campa�a, las an�cdotas superan a los relatos operativos, sin embargo se pueden ejemplificar algunos detalles para ilustrar:
Las turbulentas aguas del Cabo de Hornos dificultaban tremendamente la recarga de bater�as mediante el empleo nocturno del snorkel. En efecto, este artefacto que asoma algo m�s de un metro sobre la superficie, admite el ingreso de aire fresco del exterior y con �l, adem�s de ventilar el interior de la nave permite la puesta en funcionamiento de los motores diesel que recargan las bater�as. Es snorkel posee una v�lvula que se cierra autom�ticamente si una ola lo supera, de manera de evitar el ingreso de agua dentro de la nave. Si ello ocurre, se produce en el interior del submarino una enorme presi�n negativa debido a la voracidad de los motores diesel –que se detienen- con un muy desagradable efecto sobre los o�dos de la tripulaci�n. Por ello, las bater�as se recargaban a veces en forma muy limitada y la renovaci�n de la atm�sfera interior era muy pobre. Con seguridad la TIS (tasa de indiscreci�n en superficie) debe haber sido forzosamente baja.
Cada vez que se detectaba un rumor hidrof�nico en las proximidades, m�s all� de la clasificaci�n del o�do de los sonaristas, el comandante ordenaba pasar a profundidad de periscopio a fin de investigar a la nave de superficie detectada. No obstante, esta maniobra pod�a complicarse mucho ya que el fuerte oleaje pod�a hacer aflorar al submarino sobre la superficie y por ende dificultar el paso a plano profundo con el riesgo de ser detectado.
En los prolongados tiempos donde se ordenaba “silencio de combate”, los tripulantes que no cubr�an roles deb�an acostarse para disminuir el consumo de ox�geno. Adem�s se apagaban los sistemas de aire acondicionado con la finalidad de ahorrar la preciosa electricidad acumulada en la bater�a y a los pocos minutos el interior del fr�o casco resistente comenzaba a gotear en forma persistente por efecto de la condensaci�n de la actividad biol�gica y de la temperatura emanada por los equipos en funcionamiento. El interior de la nave solo se iluminaba por unas pocas y tenues luces rojas de bajo consumo. El agua potable se racion� a menos de un litro por d�a por tripulante y las posibilidades de ba�o se limitaban, cuando se pod�a,� a hacerlo con agua salada. Las barbas comenzaban a crecer.
Las furiosas corrientes, producidas por el encuentro de ambos oc�anos en el Drake, a veces hac�an rolar a los submarinos a 50 metros de profundidad tal como si estuvieran en superficie hasta unos 30�. En cierta oportunidad el comandante del “Santiago del Estero” orden� subir a plano de periscopio para “dar un vistazo” y con mezcla de desesperaci�n y sorpresa observ� una inesperada monta�a a escasa distancia de su nave. En otro momento se encontraron inesperadamente a 10 millas n�uticas de la isla Diego Ram�rez, muy al Sur de donde calculaban estar. Ciertamente, si se pudiera observar hoy esa carta de navegaci�n, se encontrar�an en ella curiosos “saltos”.
El primitivo sistema de posicionamiento satelital, denominado Magnavox,� era �til �nicamente si coincid�a el paso del sat�lite cuando el submarino asomaba su antena. Por otra parte no se contaban con computadoras que graban las “firmas” de naves, esto es los rumores emitidos de las h�lices, que a modo de huella digital es �nica de cada barco. Solo se contaba con la pericia y buena memoria de los sonaristas.
Un tripulante del submarino “Santa Fe” enferm� de apendicitis durante la campa�a. La enfermedad fue agrav�ndose con el correr de los d�as y no hab�a posibilidad alguna de evacuar al paciente. Su estado de salud lleg� al tal punto que el enfermero de la nave pidi� autorizaci�n para operarlo de urgencia. El Comandante no autoriz� la intervenci�n quir�rgica. Sin embargo, la medicaci�n administrada hizo efecto y el tripulante mejor� lo suficiente como para llegar en aceptable estado de salud al fin de la campa�a.
Al borde de la Guerra
Sin poder precisar las fechas ambos Guppys estuvieron muy cerca de comenzar la guerra, al interpretar, afortunadamente, sus �rdenes en buen criterio. Avanzado el mes de diciembre el submarino “Santa Fe” patrullaba la boca de Bah�a Cook navegando a 50 metros de profundidad. Los sonaristas advirtieron ruidos de h�lices de naves de guerra en aproximaci�n. El Comandante del S-21 toc� alarma de combate, la tripulaci�n ocup� sus puestos y se alistaron todos los tubos lanzatorpedos. Los rumores de los blancos se fueron sumando hasta convertirse en “una flota”. La escuadra chilena se abr�a a aguas abiertas del Pac�fico sur pasando justo por arriba del “S-21”.
Tres, cuatro, seis..., 13 fueron las naves contabilizadas por los sonaristas. Algunas de h�lices “pesadas”, crucero por ejemplo, y la mayor�a de h�lices “livianas” como destructores.
Sin embargo, la flota chilena navegaba “sin emitir”, esto es sin actividad de los sonares activos de los buques de escolta. La decisi�n de un Comandante de Escuadra de navegar sin emitir puede tener varios razonamientos, como por ejemplo no estar buscando ning�n blanco submarino; que prefiera ser m�s discreto, ya que las emisiones de sonar se propagan a gran distancia y son detectadas por los equipos de contramedidas de los submarinos, advirtiendo su rumbo o derrota, etc.
No es dif�cil imaginar los momentos de gran tensi�n vividos por la tripulaci�n del “Santa Fe”. Pr�cticamente suspendidos en silencio a decenas de metros bajo el Pac�fico, esperando la actitud del contrincante, con las armas listas para ser lanzadas si llegado el caso alcanzaran una posici�n t�ctica adecuada para atacar.
No obstante, la flota chilena se intern� en aguas abiertas alej�ndose del “S-21”. De acuerdo a sus �rdenes, el Comandante no consider� actitud hostil de la Escuadra, m�xime en momentos que no hab�a declaraci�n de guerra formal.
El “Santa Fe” naveg� en alejamiento hasta un lugar apropiado, busc� profundidad de periscopio y asomando su antena de comunicaciones, rompi� su silencio de radio para trasmitir a sus superiores la actividad, el n�mero de barcos y el rumbo de los mismos al momento de haberlos detectado.
En esta campa�a por primara vez en la historia de la Fuerza se utilizaron “claves especiales” para submarinos y se embarcaron en las cuatro unidades – con apenas preparaci�n y adiestramiento de los operadores – sendos equipos criptogr�ficos de �ltima generaci�n. Este nuevo conjunto de criptosistemas fue la base de la implementaci�n – tambi�n por primera vez – del novedoso sistema de comunicaciones de submarinos. Este sistema con los necesarios cambios tecnol�gicos se mantiene aun en vigor dado la performance alcanzada en esa campa�a y las sucesivas muestras de su eficiencia en los a�os futuros.
D�as despu�s recibi� la orden de destacarse a Isla de los Estados con la finalidad de encontrarse con su buque madre, el buque pesquero “Arancena” (se trataba de un barco factor�a civil requisado al efecto), en las tranquilas aguas de alguna de las caletas de la isla de caprichosa geograf�a, al que le dej� un inc�modo recuerdo al momento de su arribo. Amadrinado al pesquero se encontraba el submarino “San Lu�s”. La tripulaci�n del “Santa Fe” pudo al fin distenderse, ba�arse y reaprovisionar la nave de v�veres y agua fresca. La Navidad y el A�o Nuevo se festejar�an a�n en inmersi�n.

El “Santiago del Estero” y un peligroso encuentro
El Comandante del “S-22” recibi� la orden de patrullar un� sector comprendido entre el Cabo de Hornos y el Falso Cabo de Hornos. El tr�nsito por el Atl�ntico sirvi� para realizar ejercitaciones y preparar la nave para una prolongada campa�a en inmersi�n.
En proximidades de Isla de los Estados el “Santiago del Estero” pas� en inmersi�n y se dirigi� a su zona de patrulla. Los d�as pasaron en silencio de combate, reconociendo por periscopio algunos contactos o intentando observar su propia posici�n, ya que las corrientes mov�an al submarino con rapidez.
En cierta oportunidad el sonarista detecta rumor de h�lices livianas. El Comandante ordena pasar a plano de periscopio y observa a lo lejos a un submarino navegando a luz del d�a en superficie.
El “Santiago de Estero” maniobr� en aproximaci�n mientras el Comandante tocaba “cubrir puestos de combate” y ordenaba el alistamiento de dos torpedos Mk-37. Con el contacto m�s cerca, el Comandante volvi� a izar el periscopio y pudo reconocer a la nave como uno de los sumergibles tipo “Thompson” que empleaba la Armada de Chile.
Mientras continuaba con su aproximaci�n t�ctica, el Comandante del “S-22” sab�a que si le lanzaba los torpedos ello era una lisa y llana declaraci�n de guerra. No obstante, si el sumergible enemigo pasaba r�pidamente a inmersi�n, ser�a una clara se�al que el “S-22” hab�a sido detectado y su Comandante no hubiera tenido alternativa.
Cuando vuelve a sacar el periscopio con la finalidad de actualizar los datos de tiro, el Comandante del “Santiago del Estero” puede observar que el sumergible chileno tiene abiertas algunas tapas de la cubierta en el sector de las tuber�as de inducci�n y que en esas condiciones era totalmente imposible que pudiera pasar a inmersi�n de inmediato. Era muy probable que se encontraran en superficie para solucionar alg�n tipo de aver�a.
Mientras ello ocurr�a el sonarista advierte un rumor hidrof�nico de h�lices livianas en aproximaci�n, posiblemente para acercarse al viejo sumergible, ya que este navegaba con rumbo Sur.� Tal vez al “Simpson” (luego se determinar�a que se trataba de esta nave) se le haya tomado uno foto a trav�s del periscopio para luego el “S-22” retirarse del lugar.
Poco despu�s en la central de comunicaciones del “Santiago del Estero” se recibe la orden de dirigirse a la Isla de los Estados. La mediaci�n del Vaticano en la ma�ana del 22 de diciembre de 1978, hab�a puesto fin al peligro de una guerra inminente.


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Los IKL 209
Con algo m�s de tres a�os de incorporados a la Armada Argentina, los 209 eran los submarinos convencionales m�s modernos del mundo. Estaban equipados con una computadora de control tiro VM8/24, para el lanzamiento y guiado de torpedos filoguiados que de acuerdo a la posici�n de los blancos, podr�a atacar a tres naves en forma simult�nea. Su arma principal era el torpedo filoguiado SST-4 con unos 25 kil�metros de alcance. Contaban adem�s con sonar activo, sonar pasivo, sonar interceptor DUUG, tel�metro ac�stico pasivo DUUX, analizador espectral, analizador de energ�a electromagn�tica, detector de cavitaci�n y dos periscopios. Sus l�neas hab�an sido dise�adas para navegar en inmersi�n y pod�a alcanzar en esta condici�n una velocidad de 20 nudos por breves per�odos. Sin embargo en superficie, la forma de su casco lo hace muy poco marinero. A�n conservando el esp�ritu submarinista de los alemanes, los 209 tienen una escasa habitabilidad. Solo el comandante posee un peque�o camarote propio y ni siquiera dispone de literas ni asientos para sus 36 tripulantes. Los dos submarinos 209 hab�an realizado en 1975 una exitosa campa�a en inmersi�n de 50 d�as como prueba de aptitud de la nave.
Algunas horas m�s tarde a su zarpada el 8 de diciembre, ambos 209, el “Salta” y el “San Lu�s” pasaron a inmersi�n una vez que la sonda indic� una profundidad de unos 60 metros y en esa condici�n navegaron hacia el Sur.
El submarino “San Lu�s” hab�a sufrido una seria aver�a en uno de sus motores diesel a pocos meses de su incorporaci�n. La reparaci�n requer�a el cambio o una reparaci�n mayor del motor en cuesti�n, que hubiera hecho necesario el corte de su casco resistente y en la Argentina no estaba disponible a�n la tecnolog�a para el corte y soldado del acero aleado HY-80, metal especial constitutivo de dicho casco. Con ello, el “S-32” ten�a una merma del 25% de rendimiento al momento de recargar su bater�a.
Mientras el “San Lu�s” se encontraba en tr�nsito en al Atl�ntico hacia la zona de patrulla ordenada, otro de sus motores diesel sufre una aver�a. Sus tripulantes maquinistas ponen todo su empe�o para repararlo, sin embargo, se necesitaban repuestos que no se pose�an y trabajar en puerto. El Comandante informa a sus superiores del percance y recibe como respuesta un cambio de su �rea de patrulla a un lugar menos riesgoso ubicado en una zona pr�xima a la boca del Estrecho de Magallanes. La falta del 50% de la capacidad de recarga de la bater�a incrementaba al menos en un 100% la Tasa de Indiscreci�n para tal operaci�n.
En esta condici�n, el “S-32” transcurri� sus d�as en patrulla hasta que el Comando de la Fuerza le ordena trasladarse a Isla de los Estados para encontrarse con el “Aracena”.
El “Salta” y una inc�gnita
Pocos d�as despu�s de su zarpada, el “Salta” tuvo su primer sobresalto mientras recargaba su bater�a con el snorkel, al Este de Isla de los Estado, en tr�nsito hacia el �rea de patrulla asignada. En esa �poca del a�o y en esas latitudes, la penumbra domina largas horas del atardecer y amanecer, dejando un breve lapso entre ellas a la oscuridad de la noche. De pronto, el m�stil del submarino fue localizado por un avi�n S-2 Tracker de la propia Armada perteneciente a la Escuadrilla Naval Antisubmarina, el cual de inmediato baj� su altitud y sembr� sonoboyas en el �rea con la finalidad de localizarlo, mientras que el S-31, alertado por su antena de contramedidas, pasaba r�pidamente a plano profundo.
Es interesante saber que los pilotos de la Escuadrilla Naval Antisubmarina s�lo conoc�an las �reas de patrulla de los submarinos propios, no as� su ruta o derrota� de tr�nsito. Adem�s ten�an orden de atacar a cualquier submarino no identificado en aguas jurisdiccionales. Con estas aclaraciones podemos afirmar que el �gil 209 se ocult� r�pidamente entre las capas batit�rmicas y escap� a tiempo para no ser detectado y atacado con cargas antisubmarinas o un torpedo buscador lanzado por sus propios camaradas.
El “Salta” alcanz� su �rea de patrulla en la zona de Cabo de Hornos y a partir de all� comenz� su lenta navegaci�n en inmersi�n dentro de su �rea de responsabilidad, con similares alternativas en cuanto a las corrientes submarinas y las dificultades para cargar la bater�a por el oleaje imperante en la zona. A ello se sumaba la actividad de un radar chileno en tierra cuya emisi�n era detectada por la antena de contramedidas. Si bien las olas incrementan la discreci�n de los m�stiles escasamente asomados sobre la superficie, dentro de submarino la se�al electromagn�tica detectada era toda una molestia.
Los d�as transcurrieron hasta la llegada del d�a “D” -1. El d�a “D” era la flecha clave del Operativo Soberan�a en el cual, entre otras operaciones militares, una fuerza de tareas de la Infanter�a de Marina Argentina proceder�a a desembarcar sobre las islas Lenox, Picton y Nueva por ser los puntos clave del conflicto del Beagle, lugares donde seguramente encontrar�an atrincheradas a las tropas chilenas.
El “Salta” naveg� expectante a esta situaci�n. En una de las maniobras de carga de bater�a, momento en que adem�s del snorkel el submarino aprovecha para izar las antenas de comunicaciones, de contramedidas y el periscopio, llega un extenso mensaje cifrado a la central de comunicaciones del submarino. El mismo, adem�s de su extensi�n, no se hab�a recibido muy claro debido, posiblemente, a una mala propagaci�n a causa del clima y se tornaba dificultoso descifrarlo.
Casi de forma simult�nea, un oficial con sus ojos puestos en el periscopio, observa un submarino en superficie. Sobre la cubierta del mismo se alcanzan a divisar a dos tripulantes por delante de la vela, sin embargo no se distingue el caracter�stico domo sonar sobre la proa que caracteriza a los submarinos de la clase “Oberon”.
Informado el Comandante, este ordena de inmediato “�Finalizar snorkel en emergencia! �Cubrir puestos de combate! � Preparar tubos Mk-37!”. Mientras el submarino recarga su bater�a, el ruido ocasionado por los cuatro motores diesel funcionado, aunque disminuido por los silenciadores, impide al sonarista recibir los rumores ac�sticos del exterior. Posiblemente por ese motivo la nave chilena no haya sido detectada con anterioridad. Sin embargo, ni bien el “Salta” pasa a plano profundo y sin el molesto ruido de los motores atmosf�ricos, el sonarista advierte el caracter�stico rumor de los venteos de los tanques de lastre que indican sin dudas que el submarino chileno pasa a inmersi�n. Ello evidencia que la nave argentina podr�a haber sido detectada.
Mientras el “S-31” cobra profundidad se arma la mesa de ploteo por sonido para detectar y predecir las maniobras mutuas. Momentos m�s tarde el 2do Comandante habla con el Comandante por el intercomunicador y le indica: “Se�or, estamos en soluci�n, sugiero lanzar.” Con interminable silencio de por medio el 2do Comandante reitera su apreciaci�n: “Estamos en soluci�n, sugiero lanzar”. El Comandante responde y no autoriza el lanzamiento de los torpedos Mk-37, �l de alguna manera estaba interpretando sus �rdenes. En esos momentos no estaban en aguas jurisdiccionales argentinas.
Con tiempos intermedios de gran tensi�n imposibles de precisar, de pronto el sonarista advierte: “�Alarma de torpedo!”. En estos submarinos solo el sonarista ten�a contacto con la realidad que interpretaban sus o�dos acerca los rumores ac�sticos. El “Salta” maniobra en evasi�n, pero a continuaci�n el rumor de las h�lices de un torpedo en corrida se desvanece. Con el transcurrir de los minutos la calma de la tripulaci�n se recupera.
Desaparecido el peligro,� el oficial de comunicaciones tiene por fin tiempo para descifrar el mensaje que le hab�a quedado pendiente. Entre otros conceptos el mismo ordenaba el repliegue de la unidad hacia Isla de los Estados a causa de la aceptaci�n de la mediaci�n papal. Varias horas despu�s el “Salta” emerg�a dentro de una caleta protegida para encontrarse con el BP “Aracena” y el “Santiago del Estero”. All� celebrar�an la nochebuena y podr�an relajarse luego de tantos d�as de patrulla de guerra.
Hasta el d�a de hoy no se ha podido comprobar si realmente en submarino “Simpson” lanz� un torpedo Mk-37 contra el “Salta”. La inc�gnita solo se resolver� si alguna vez las autoridades navales o alg�n jerarquizado protagonista del submarino chileno lo revelaran.
El sonarista de “S-31” era un experimentado suboficial. Ello hace poco probable, aunque no imposible, que pueda haber confundido un rumor tan caracter�stico como las h�lices de un torpedo en plena corrida. Por otra parte tambi�n se sabe que el Mk-37, al menos las partidas llegadas a este lado del continente, no era un arma demasiado confiable. Dentro de las posibilidades de un lanzamiento fallido, estas podr�an ser: que el torpedo se hayan trabado en el tubo –el MK-37 es del tipo que se lanza por su propia propulsi�n (swim out)- aunque ya hubiera activado sus h�lices; que el torpedo se hubiera desactivado luego de la corrida inerte de seguridad (unos 400mts.);� o que al ser el Mk-37 un torpedo de corrida en espiral con cabeza buscadora, el torpedo debe ser previamente graduado para “buscar” entre, por ejemplo 60 y 80 mts de profundidad. Aqu� podr�a haber habido un error en la graduaci�n y el torpedo al no encontrar un blanco, finalmente inactivo, va a para al fondo del mar.

El m�s viejo contra todos
El libro “La Escuadra en Acci�n” (Edit. Grijalbo, Chile, 2005) de los historiadores chilenos Patricia Aranciabia Clavel y Francisco Bulnes Serrano, relata la actividad militar y pol�tica del conflicto centr�ndose en la Armada de Chile. Si bien el trabajo es poco t�cnico en cuanto a los medios empleados, es muy interesante entre otras cosas, en cuanto a la actividad general de la Escuadra al Sur de Chile.
De este importante testimonio se desprende que, la Fuerza de Submarinos chilena estaba compuesta por el sumergible de la clase Balao “Simpson” (SS-21) y los modernos para la �poca submarinos de la clase brit�nica Ober�n denominados “Hyatt” (SS-23) y “O�Brien” (SS-22.
Seg�n esta fuente el “O�Brien” se encontraba “en dique” al momento del conflicto y el “Hyatt” debi� interrumpir el tr�nsito hacia el Sur y retornar a su base de Talcahuano por “aver�a mec�nica”. El otro sumergible de la clase Balao, el “Thompson” (SS-20), ni siquiera se lo menciona. Posiblemente ya estuviera radiado, habida cuenta de su vejez. De hecho, las armadas de Brasil como de la Argentina los hab�an retirado de servicio al comenzar la d�cada del los �70 al recibir los Guppy.
Sin lugar a dudas el “Simpson” no estaba tecnol�gicamente a la altura de las circunstancias, sin embargo se las ingeni� para cumplir su trabajo. El viejo sumergible deb�a salir a la superficie para cargar sus bater�as exponi�ndose peligrosamente a los radares y periscopios argentinos y, por el desgaste l�gico de los a�os, no ser�a extra�o que esa actividad la debiera realizar con una frecuencia mayor a la normal. El “Simpson” fue detectado en dos ocasiones en esa situaci�n� por otros tantos submarinos argentinos que no le lanzaron sus torpedos. Sin embargo, es posible que el Comandante del� “Simpson” Rub�n Scheihing, haya intentado atacar, a�n sabi�ndose en inferioridad de condiciones. Adem�s, el comandante chileno debi� cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad y el prestigio de la Fuerza de Submarinos de su pa�s.
{mospagebreak_scroll heading=Conclusiones}
Conclusiones
Han transcurrido 30 a�os de una guerra que no fue. Imaginar cualquier “juego de guerra” para intentar resolver un posible resultado es un absurdo, ya que ni la Argentina ni Chile estaban en condiciones de llevar una campa�a militar que pudiera superar la definici�n de “enfrentamiento armado limitado”, por m�s vidas que hubiera costado.
Con cierto doble sentido el Grl Per�n hab�a alguna vez sentenciado: “prefiero dinamitar esos islotes que entrar en guerra con Chile”. Si bien de alguna manera se arrogaba la autoridad para dinamitarlos, era claro que prefer�a mantener la hermandad que imaginar alg�n tipo de conflicto.
Afortunadamente no podemos pensar el costo en vidas y material que hubiera acarreado semejante conflicto, sin embargo es casi seguro que ambos pa�ses hubieran salido perdedores.
No obstante esta sint�tica apreciaci�n, cierto es que las fuerzas armadas de Argentina y de Chile se movilizaron mientras se llevaban a cabo las gestiones diplom�ticas. Oficiales, suboficiales y soldados de las tres armas vivieron d�as de gran tensi�n, dependiendo su lugar de despliegue.
En definitiva, ellos estaban all� para pelear y seguramente lo hubieran hecho. Por tal motivo, esperamos que esta nota sirva como reconocimiento, en este caso a los submarinistas de ambos pa�ses, que supieron navegar al borde de una guerra.

Dotaci�n del Santiago del Estero
| �S�ntesis de la campa�a Comandante de la Fuerza de Submarinos CN Ra�l Marino |
|||||
| �Submarino |
�Comandante |
�Zarpada
BNPB
|
�MN navegadas |
� Horas en inmersi�n | �Regreso BNMP |
|
�“Santa Fe”
S-21
|
�� CF Alberto Manfrino | 8/dic/78 |
3955 | 629 | 10/ene/79 |
| �“Santiago del Estero” S-22
|
��� CF Carlos M. Sala | � 8/dic/78 | 4012 | 708 | 13/ene/79 |
|
�“Salta”
S-31
|
�� CF Eulogio Moya | �8/dic/78 | 4573 | 750 | 16/ene/79 |
|
�“San Lu�s”
S-32
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�� CF F�lix Bartolom� | �8/dic/78 | 3384 | 876 | 16/ene/79 |


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