Compañeros submarinistas: si todavía tienen el privilegio de sumergirse en nuestro inmenso óceano, tengan en cuenta la Patria en cualquier momento podrá exigir que la defiendan, aún a costa de sus vidas… PREPARENSE, ADIESTRENSE,
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U-20 S199 Tipo 206 Marina de Guerra Alemania. |
A finales del año 1976 el grupo de ecuatorianos, que estábamos capacitándonos como submarinistas en la fábrica HDW, (Kiel, Alemania), tuvimos la incomparable oportunidad de embarcarnos, durante dos meses, en los submarinos alemanes con el fin de adquirir la práctica necesaria para operar eficientemente las nuevas unidades submarinas que estaban en construcción.
Después de aprobar la estricta ficha médica correspondiente, fui designado al submarino U 20 (tipo 206), que estaba estacionado en la base naval de Eckernförde (la flota submarina alemana constaba de 25 SS estacionados en Neustadt y 25 SS en Eckernförde). Debido al tratado de post-guerra, la Marina alemana estaba permitida de tener solamente submarinos costaneros de 600 toneladas (20 hombres de tripulación), pero podía exportar submarinos transoceánicos como los submarinos nuestros, tipo U-209. (1.200 toneladas). A bordo del submarino alemán U20, luego del rutinario chequeo de los documentos, recibí instrucciones sobre mis tareas, funciones y horarios.
Fui designado operador de sonar y mi alojamiento fue una hamaca en la sección de acomodación, junto a los Tubos Lanza Torpedos (no se me permitió llevar desodorante en spray, por el peligro de explosión). Al día siguiente zarpamos a la maniobra de carga de torpedos SUT (de ejercicio) y al anochecer nos dirigimos a la zona de lanzamientos en aguas internacionales.
Se dio inicio a una etapa muy importante de mi vida submarinista, puesto que tenía el privilegio de navegar en una embarcación, heredera de una gloriosa casta submarinista que hizo temblar al mundo en los años 40 y fue el símbolo de la eficiencia y destreza alemana en combate real.
Llegó el momento de pasar de la teoría a la práctica. Así, al principio, con un poco de temor, concentrándome en cada movimiento, siempre preguntando, investigando y leyendo los manuales de los diferentes equipos electrónicos, me fui adentrando en el sistema y a las normativas impuestas por los reglamentos. El esfuerzo por aprender el idioma alemán estaba dando sus valiosos frutos.
A bordo, se destacaba nítidamente, el gran profesionalismo en el desempeño de sus funciones y la rigidez disciplinaria en el cumplimiento de las normas de seguridad. Los Señores: Comandante, Segundo Comandante, oficial Ingeniero, oficial Eléctrico, oficial Torpedista, los “Masters” (suboficiales) de torpedos, electricista, motorista y operaciones fueron el fundamento del submarino y quienes junto al resto de la tripulación (jóvenes que habían aprobado el curso de submarinistas), operaban eficientemente la unidad.
Mi plaza de operador de sonar me permitía tener la visión panorámica del escenario táctico de los eventos. El pequeño sonar anti-minas vigilaba constantemente la presencia de esos mortíferos aparatos, el sonar pasivo tenia filtros y gráficos de ondas sonoras que le permitían al operador discernir mejor las características del blanco, el Sistema Control de Tiro BM8/8 tenía una pantalla adicional que recibía indicación de azimut del blanco desde el torpedo SUT, proporcionando al operador la posibilidad de maniobrar mejor al torpedo. La poca profundidad del Mar Báltico obligaba al submarino a realizar maniobras rápidas de evasión contra la amenaza de unidades soviéticas que se mantenían vigilantes con unidades de guerra y en forma encubierta con pesqueros (dotados de una gran cantidad de antenas). El casco resistente era antimagnético para evitar ser localizado por las unidades antisubmarinas de superficie.
La rutina ordinaria era organizada; los tiempos libres y el sueño eran sagrados. Se navegaba a dos turnos, (12 horas diarias de guardia) y las misiones duraban 6 o 7 días seguidos. El cambio del día a la noche no se podía apreciar normalmente en el submarino. La navegación era agotadora pero llevadera. El espacio sumamente reducido impedía realizar movimientos no necesarios La temperatura ambiente era fría obligando a protegerse debidamente y a tener en servicio permanente los calefactores portátiles. Con los días, el olor característico del sudor molestaba (al principio) y había que sobrellevar la situación ya que el agua potable estaba restringida solo para la cocina y el aseo personal (sin baño). El régimen de cantina duraba solo 15 minutos y el rancho, típico alemán, hacía añorar nuestra exquisita cocina de sabor ecuatoriano. No había castigos, bastaba solo una reprimenda para que todo vuelva a la normalidad. Prevalecía un alto espíritu de compañerismo.
La tripulación leía o descansaba en el poco tiempo libre disponible. Cuando, por curiosear, me iba al Central, todos observaban atentamente mis movimientos haciéndoseme notar que mi lugar correcto no era el Central sino el CIC. En una pequeña biblioteca, en la proa, tenían libros de la historia, gloriosa y a la vez trágica, del arma submarinista alemana. En estos pequeños libros, detallaban la vida de los tripulantes de los cientos de submarinos que combatieron (y desaparecieron en su mayoría) durante la II guerra mundial. Eran documentales muy dolorosos, pero llenos de una orgullosa satisfacción de haber sido lo mejor de lo mejor del mundo, en su tiempo.
La navegación era silenciosa. Los convertidores eran estáticos, y los lanzamientos de torpedos de ejercicio tenían una eficiencia del 50%, debido, principalmente, a la falla de “hilo roto”, es decir, fallaba la comunicación entre el torpedo y el sistema Control de Tiro.
Para combatir la rutina se realizaban continuos zafarranchos y en el camino de regreso, se oía alguna música a bajo volumen.
Terminado el evento, el submarino entraba a puerto y después del tradicional “pailung achtung” (el oficial ingeniero da una breve alocución y hace un brindis, en formación en el muelle con una cerveza) toda la tripulación (sin excepción) se desembarcaba, entregando la unidad a una dotación completa de técnicos, para la maniobra de carga-descarga de torpedos y para revisar/reparar cualquier falla en los equipos de la unidad. Todo el grupo se alojaba, a descansar, en un hotel, ya sea dentro o fuera de la base. Por fin se podía conversar y beber unas cervezas. La mayoría optaba por ir a dormir, otros salían a la ciudad para recrearse en los centros nocturnos. Ya en tierra firme me comunicaba telefónicamente con mi familia (no había celular) que se hallaba sola, sin noticias, en Kiel. Extrañaba a mi gente, a mi sangre.
Se sabía el momento del siguiente zarpe pero no se sabía cuánto iba a durar la operación, pues el sobre con la orden, solo se abría cuando el submarino había zarpado y se encontraba en inmersión. De nuevo, a sumergirse en las profundidades del mar con el firme propósito de aprovechar al máximo esta valiosísima oportunidad que no se repetirá.
En esta excepcional experiencia submarinista cumplí miles de horas de inmersión, pasé algunas vicisitudes difíciles, gané apreciables amigos. Comprendí que se aprende día a día durante toda la vida y que se debe cuidar y maniobrar a la máquina con destreza y conocimiento, pues nuestras vidas dependen de ella. “Todos somos los demás de los demás”, puesto que todos tenemos, en nuestras posiciones dentro del submarino, igual responsabilidad ante la vida y ante la muerte. Los honores y la responsabilidad le corresponden al señor Comandante pero nosotros sabemos que: “no es lo que somos, es lo que podemos hacer”.
Compañeros submarinistas:
Si todavía tienen el privilegio de sumergirse en nuestro inmenso óceano, tengan en cuenta la Patria en cualquier momento podrá exigir que la defiendan, aún a costa de sus vidas… PREPARENSE, ADIESTRENSE, pues tienen que hacer honor a nuestro hermoso Himno: “Somos los submarinistas solitarios cazadores de buques, invisibles y difusos, convivimos con la muerte, en el trabajo somos uno solo, combativos defensores, fieles centinelas, sumergirnos es nuestro destino para pelear por un mar soberano, el mar es nuestra trinchera, nadie nos ve pero estamos ahí…”
Si todavía tienen el privilegio de sumergirse en nuestro inmenso óceano, tengan en cuenta la Patria en cualquier momento podrá exigir que la defiendan, aún a costa de sus vidas… PREPARENSE, ADIESTRENSE, pues tienen que hacer honor a nuestro hermoso Himno: “Somos los submarinistas solitarios cazadores de buques, invisibles y difusos, convivimos con la muerte, en el trabajo somos uno solo, combativos defensores, fieles centinelas, sumergirnos es nuestro destino para pelear por un mar soberano, el mar es nuestra trinchera, nadie nos ve pero estamos ahí…”
La sangre del submarinista no es roja, es obscura, impregnada de bióxido de carbono, hidrógeno y cloro. No importa que la vida sea corta, lo importante es que viviremos y moriremos orgullosamente submarinistas.
SUBP-SS (Rt) JORGE ECHEVERRIA M.
Suboficial Submarinista Ecuatoriano
Guayaquil
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